Te echaré de menos

21 Sep

Sin más pretensión que empaparse de multitud en hora punta, un joven con traje de tres piezas paseaba por la Gran Vía sin rumbo fijo aparente.

No se fijaba en nadie en concreto porque todos eran iguales, tan solo él destacaba entre toda la gente que lo arrastraba por la Gran Vía a las ocho de la mañana cuando todo el mundo corría a sus trabajos. Aunque todos fuesen iguales, aunque sus ropas fuesen de colores para enmascarar una vida gris, el joven los recordaba a todos: a la madre que corría arrastrando a  sus pequeños hijos y el gran maletín lleno de folios; el empresario que ya a las ocho hablaba acaloradamente por el teléfono; el tendero que con una sonrisa siempre en la cara le vendía un periódico que cada día era más funesto. Los recordaba a todos, y todos dedicaban a él un corto pensamiento interrogante al cruzarse todas las mañanas, sobretodo cuando se sentaba en un bando y veía la gente pasar, con una cara neutra y a veces con cierto sentimiento de lástima .

Su nombre era Tristán Soñador y él era artista.

Tristán era muy delgado, su madre siempre le decía que demasiado. Alcanzaba tranquilamente el metro ochenta. Tan holgadamente como le estaba el traje de tres piezas gris a rayas, herencia de su abuelo, con un sinfín de arreglos fallidos para convertir un traje de señor obeso en un traje para alguien como él.

Pasaba la mayor parte de su tiempo rodeado de gente, pero la verdad era que Tristán Soñador estaba muy solo y muy enfermo. Aunque tampoco sabía bien como comportarse con la gente, apenas hablaba con nadie y no eran pocas las mujeres que se habían sentido cautivadas por el alma poeta de Tristán, pero su corazón ya estaba ocupado por la mujer más volátil del mundo: Graciela.

Podía desaparecer durante días para luego reaparecer en casa de Tristán en una pose sugerente y con ropa poco decente esperando que el chico le prestase toda su atención. Nunca se veían fuera de su casa y Tristán no sabía nada de ella fuera de su cama, pero nunca le negaba su compañía, le hacía sentirse vivo.

Llegó en el momento más oportuno, cuando el doctor Lopez le decía con mal fingido pesar que no se sabía qué era lo que le estaba matando pero que se encontraba en su cerebro y que ya nada se podía hacer para ayudarle. En tan solo unos meses todo habría acabado.

Aquella noche la vio por primera vez, tumbada en su cama. No sabía cómo entró a su casa, pero después de consolarse en ella y de entregar sus besos a los labios de Graciela que bebió de él con ansia y ardor, comenzó la que debería de ser su obra maestra, su última colección.

Graciela era posesiva, cuando aparecía en casa de Tristán solo le permitía pensar en ella, pero no era egoista, y el resto del tiempo le dejaba fascinarse por la multitud de personas a las que garabateaba en la Gran Vía. Había momentos en los que Tristán pensaba que su vida tan solo debía de ser un sueño y Graciela un ángel que se aparecía en ellos y que cuando muriese, en verdad, despertaría de ese sueño que era la vida. Aquel sentimiento se incrementó al conocer a Graciela y se consolidó con el paso del tiempo y de su enfermedad cuando comenzó a verse a sí mismo por la calle, con más ojeras y cara demacrada. Ya no se miraba en el espejo porque las personas eran ahora su espejo. En el fondo de su ser sentía que se le acababa el tiempo y se esforzaba más aún en terminar su obra maestra.

Dormía poco y comía menos, decía que desperdiciaba demasiado tiempo en esas trivialidades y eso le hacía empeorar. Pero cuando mejoraba,Graciela desaparecía misteriosamente y el poeta, solo como nunca antes se había sentido, se preguntaba si solo le importaría a la chica cuando ya no pudiese levantarse de la cama y estuviese en su lecho de muerte.  El día en que terminase su obra de arte llegó, un magnífico cuadro de ellos dos, Graciela y Tristán, abrazados en el mejor lugar del mundo para el pintor; la Gran Vía llena de gente que pasaba a su lado. El día llegó después de tres sin comer apenas y sin dormir. Cuando se acostó para descansar, ya no podía levantarse de nuevo y en uno de los pequeños momentos de inconsciencia Graciela se deslizó hasta su cama. Como si de un espejismo se tratase su vida la joven le susurró que siempre estaría a su lado y Tristán, que comprendió en las palabras de Graciela que el momento había llegado y que se despedía ya de él, la besó con infinito cariño mientras ella lloraba en silencio y le dijo, ya sin fuerzas ni rencor a la mujer que le había hecho malgastar sus últimos meses de vida, obsesionándole, ocupándole  con sus caprichosos encuentros:

“creo que al despertarme, te voy a echar de menos”

Anuncios

Bohemia

9 Ago

Las tardes de París desde hace un tiempo hasta ahora se me hacen tan extrañas, siento que algo les falta. Será que no estás aquí.

Te escribo desde el Étoile como tantas otras veces y todo está igual que siempre. Solo me faltas tú. El señor de la esquina sigue ahí todavía, ahora somos igual de viejos y su mesa sigue siendo suya. El delantal de la viejísima camarera cambió de cintura y en nuestra mesa hay una silla vacía. Hoy llueve, como tantas otras veces cuando tu entrabas corriendo pero sonriendo y te sentabas con prisa para pedir un chocolate caliente aún sin haberte quitado el abrigo ni tan si quiera. Por aquel entonces casi te alimentabas solo de chocolate caliente requemado de saldo que medio regalaban aquí. No teniamos casi para comer, nos lo gastábamos todo el cigarrillos, bebida y lienzos, pero éramos felices.

El adoquinado de mi calle sigue igual de puñetero y aún avanzo a trompicones por él, antes por la ebriedad de tu compañía y de mi juventud, ahora acuso el trote de mis huesos durante esos años locos. ¡Ay, Marléne! Fueron locos de verdad. Inventaste la moda y los fotógrafos se peleaban por ti, pero tu soñabas con  ser musa de algún pintor bohemio. Aún me pregunto qué fue lo que te atrajo a mi. Si mi espíritu libre, huidizo de de las ataduras, mi pelo alborotado, mi perenne pitillo encendido, mis ágiles manos sobre el lienzo, o mi desparpajo para pedirte que posaras desnuda para mí aún sin conocernos apenas. Pero me llegaste a conocer, ya lo creo. Fuiste la única que lo consiguió de veras y yo que no creía en el infinito deseé que aquello durara para siempre: tu vitalidad, tu juventud, tu belleza, tu simpatía abrumadora y tus ojos.

Aunque mil veces te inmortalicé, mil y una veces te me escapaste. Bailábamos un vals que he olvidado, como tantas otras cosas, y yo te sujetaba fuerte contra mi pecho, no quería que te evaporaras y te escindieras como tantas otras musas. Tu tenías que ser la de verdad, Marléne. Pero te consumías y al final te esfumaste con un soplo y yo que creía que lo nuestro era para siempre, resultó ser de esos amores que matan pero que nunca mueren porque fue mi amor y mi vida lo que nos mató. Soy el ultimo pintor de la época que queda en París.

Mantengo mi taller lleno de sueños, esperanzas y color, como ti te gustaba. Supongo que yo no he dejado de ser yo, aún sin un tu a mi lado he seguido a delante porque ya, poco falta para que nos encontremos, me decías.

Deseé matarme contigo cuando moriste y sin embargo he tenido toda la vida para descubrir que sin tu amor ya no me queda nada más que dolor. ¡Cuanto me dueles Marléne! Tu toda impregnaste mi mundo y de repente te fuiste. ¿Y ahora qué? ¿Cómo soporto yo tu ausencia? ¿Cómo quitarme este dolor que me mata? Pero supongo que tu opinaste lo mismo en su día. Solo soy un cáncer que te mató y que ahora me mata a mi mismo. Guardaré esta carta en mi bolsillo para cuando, pronto, nos encontremos. Porque con esta carta es la última vez que me dueles, aunque esto suponga el fin de la bohemia.

Luz

28 Jun

Antes del alba, cuando la noche es más oscura, un joven se acurrucaba entre los helechos, tapado con una cazadora negra, como toda su indumentaria. Llevaba desde el atardecer escondido en aquel bosque, esperando algo que le habían dicho que iba a ocurrir, pero que ya dudaba profundamente, aunque no iba a desistir. El nunca se daba por vencido, no cejaría en su empeño por cumplir todas las misiones. Iba a encontrar lo que le habían mandado encontrar y lo iba a llevar a los pies de su jefe. Porque así se lo habían indicado y porque aparte de la relación laboral, este joven sentía una profunda admiración por su jefe al que consideraba poco menos que todo poderoso. El nunca fallaba y aunque esta era una misión del todo insólita para él no iba a ser distinta de las otras veces en que había ido en búsqueda de otras personas, las había capturado y llevado ante su jefe. Creía a pies juntillas en el cometido de su condición de “cazador”, creía que lo que hacía era lo correcto, era lo que había que hacer. Lo había creído toda su vida. Pero se quedó dormido por un instante, una mínima cabezada y cuando se despertó, sobresaltado, sobresaltó a alguien más. A algo más porque no sabría discernir si se trataba de una persona, aunque él suponía que sí que lo era. Demasiado grande para ser una luciérnaga, demasiado raro para ser un sueño.

Era luz, energía, vida, magia, mil palabras místicas, sin forma, con una eterna luz branca que iluminaba el bosque. Como la Luna en la tierra.

El cazador se acurrucó más en el suelo, intentando desaparecer a los ojos de aquel ser. ¿De qué ojos? Este ser no tenía ojos ni cara ni forma, pero sentía que lo observaba, que lo analizaba, que podría absorberle la vida. No sabría decir qué es lo que era pues su materia cambiaba continuamente, sin detenerse en ninguna  hasta que se detuvo en una concreta. El joven se miró a los ojos y se reconoció en la forma que había adoptado el ser. Se levantó para mirarse de pie pero al ponerse a la altura del ser vio como de él surgía una densa niebla negra que asustó tanto a él mismo al haber rebelado esta esta extraña criatura su siniestra procedencia, como al ser que partió en dirección opuesta a donde él se encontraba. Atravesó arboles que rejuvenecían a su paso, asustó a algunos animales de la noche que una vez tocados por ese ser comenzaron a seguirle.

Durante una hora aproximadamente ser y cazador anduvieron por el bosque, sin mirarse. Por alguna extraña razón el joven no se atrevía a proceder con su misión, no sabía cómo comenzar. No se imaginaba que clase de persuasión iba a utilizar con un extraño ser que por un momento pareció él mismo pero que desde entonces había tomado el aspecto de casi todas las criaturas y plantas que había tocado, llegando a volar por unos minutos.

Dudaba, dudaba todo lo que nunca antes había dudado y cuando se estaban acercando a las primeras casas, el cazador decidió que ya era hora de acabar con el juego, no iba a perder una noche más en ese ser. Preparó todo su arsenal y cuando se disponía a lanzárselo al ser, éste se percató de sus intenciones e intentó huir a toda prisa, desapareciendo por un momento de la vista del joven. Cuando la bruma blanquecina que el ser había dejado tras de sí, el joven cazador avanzó unos pasos, solo unos pasos fueron suficientes para ver como el ser que había estado persiguiendo se había enganchado en una valla metálica y se electrocutaba, dejando por momentos ver un cuerpo de carne y hueso.

Clamor

14 Jun

Ya se ha acabado. Todo ha terminado. Pensábamos que no podríamos con todo, pero lo hemos hecho. Lo hemos hecho y ya ha pasado. Nada se parecerá a esto. Hemos terminado y aunque hemos jurado olvidar hemos salido fortalecidos y más sabios.
Hay un algo que nos empuja por dentro, que nos hace gritar, llorar de alegría, reír como tontos, estirarnos como gatos en nuestro sofá.
Ha sido duro, no sabíamos cuanto hasta que no estuvimos metidos hasta la cintura. Nos sentíamos morir. Cansados como nunca antes habíamos estado y ahora satisfechos y orgullosos de nosotros mismos de una manera totalmente diferente porque esto ha sido totalmente diferente a nada que hubiésemos experimentado antes. Ninguna prueba, ningún examen ni control se ha parecido. Nos han dado donde mas nos duele, minando nuestra confianza con cuestiones imposibles, pero ya no importan. Ya no importan porque ya han pasado y ahora se presentan ante nosotros un par de dulces y perezosos meses de verano que disfrutaremos como nunca antes hemos disfrutado.
Enhorabuena a todos los que hemos terminado la selectividad y los que se preparan para septiembre tambien tendrán su momento de gloria. Hoy, ahora empieza el verano para muchos y creo que esta noche es la primera de libertad, pero va a ser larga y no se acabara nunca.

Pequeños placeres

13 May

No haciendo nada en concreto, es decir haciendo mil cosas sin prestar demasiada atención, me he acordado de que hace algo así como siglos que no filosofo y sin duda ese es uno de mis pequeños placeres. Ya sabes, esas cosas insulsas que sin saber porqué hace que te pares y dediques un instante de tu ajetreada vida a reflexionar en ello. Llegar a casa y quitarte la mochila/bolso y los zapatos. Son pequeñas cosas, ni siquiera te paras a pensar en ellas, ni las haces a propósito, pero que cuando te paras y disfrutas de ese preciado momento piensas durante ese instante que nada puede ser tan malo si existen momentos como esos. Estar en casa con las ventanas abiertas y las cortinas ondeando.

Es ahora, que me preparo para afrontar la Selectividad, cuando más me doy cuenta de todos estos momentos, cuando se suma el cansancio de todo un día estudiando, de ir de aquí para allí, de clases agotadoras en el gimnasio,  me paro en medio de una parada de autobús y cierro los ojos para notar mejor la brisa de primavera porque sin duda reconforta. El mundo parece que se va a acabar tras cada examen, pero cuando sales de él y notas como tu cerebro se descongestiona, despacha toda la información y deja espacio solo para la más esencial, sientes que has crecido por dentro, que aunque entraste al aula sabiendo un montón de detalles estúpidos acerca de la simbología de las obras de Federico García Lorca, saliste siendo más sabio y eso, muy a mi pesar, parece ser solo un placer mio.

Esta no pretendía ser una entrada larga, ni una reflexión muy profunda. Solo un sinceramiento con migo misma públicamente. Algo que he escrito mientras recolectaba mis libros favoritos de entre todos los archivos que sin una explicación clara conservo.

Los últimos momentos de un domingo tranquilo.

Una sombra tras mi sombra

15 Abr

Marshall está cambiado. Marshall está raro. Marshall ya no me ama a mí. Marshall odia a alguien. Odio a quien odia Marshall. Marshall ama a quien odia. No lo puede controlar. Marshall ya no me ama a mi. Una mujer perturba a Marshall. Marshall huye de ella, la busca. Quiere abrazarla, asfixiarla con sus manos. Marshall no me ama a mí. Odio a quien odia Marshall. Odio a quien ama Marshall. Quiero abrazarle el cuello y asfixiarla con mis manos.

Oculta entre las sombras, una  sombra escruta la oscuridad. Busca a alguien muy concreto. No es cualquier, pero no es nadie, no en el momento en que la encontrase y cumpliese su plan. Vagabundos los hay a patadas, pero esta sombra buscaba a una sintecho que viste con ropa prestada, que cambia de casa cada noche, que lleva alambres entre los dedos y no deja rastro.

La determinación en su perturbación era muy fuerte. La empujaba a recorrer los tejados de los edificios, a pasar por su escaner a cada transeúnte, a planear con detalle la muerte de la usurpadora  del corazón de Marshall. Estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de recuperar al Marshall de antes, porque odiaba verlo así. Con la mirada perdida durante largos minutos, más taciturno que de costumbre, cuando le preguntaba le decía que no conseguía entender qué es lo que ella estaba haciendo y cuando le preguntaba porqué ya no pasaba las noches con ella solo le contestaba que eso ya había pasado y que ahora estaba trabajando, en ella.

Ella, había habido muchas mujeres en su trabajo a lo largo de los años, pero este ella había cobrado un significado distinto a todos los anteriores, una intensidad insospechada. Los objetivos solo eran objetivos, una vez cazados no eran de su incumbencia. Pero a esta la dejaba ir, la agarraba entre sus garras, la perseguía durante días  la ignoraba durante semanas. Totalmente cambiado, se decía y no podía soportarlo, porque las veces que habían es tado juntos habían sido realmente especiales para ella, pero la indiferencia de Marshall la enfadaba y sabía que la culpa era de esa estúpida cría. Sabía que estaba en la ciudad correcta, que ella se encontraba ahí, en alguna parte, si tan solo pudiese percibir su esencia…

Y ahí lo tenía, como salido de la nada. Entre los diferentes colores de las personas, un blanco resplandeciente, que se quería ocultar entre la tecnología del mundo moderno pero que aún así seguía mostrando la esencia que estaba en ella desde tiempos inmemoriales, mitigada, si, pero resplandeciente aun así. Brilla, brilla, brilla, musitaba mientras se preparaba para su plan.

No lo suficientemente lejos, una chica tapada con un gran abrigo color verde militar, el pelo recogido en un improvisado moño, una mochila llena de algo y un libro en la mano, parecía el tipo de chica que va a alguna parte, que la esperan en alguna parte, seguramente unos padres preocupados que no se dormirían hasta que ella no llegase a casa. Jimena lo sabia y potenciaba esa impresión, nadie con dos dedos de frente secuestra a alguien a quien ves que la van a echar en falta si tarda mas de 5 min, y si no tenían dos dedos de frente, ella sabría hacerles frente -o eso se decía-. “todo esta bien boba,  recuerda lo que H te dijo” por algún extraño motivo temía ese intervalo de tiempo entre las 10 y la 1 de la noche, cuando la gente esta volviendo de sus trabajos, o terminando de cenar y solo piensan en llegar a sus casas y olvidar un día mas. Ese era el momento en que a una le tendían una emboscada con facilidad, porque la gente no esta pendiente de si en un callejón por el que pasas hay una chica que esta siendo acorralada en la oscuridad. A partir de esa hora había poca gente en la calle y se las puede ver venir con facilidad, son yonkies, vagabundos, o policías de paisano que vigilaban que no fuese una prostituta demasiado joven. Nada del otro jueves.

Con forme avanzaba iban escaseando mas y mas los viandantes de modo que al poco tiempo solo caminaba ella y de vez en cuando se cruzaba con alguna chica que caminaba rápido hacia el metro o algún chico que se subía la solapa del abrigo y seguía su camino. Recuerda lo que te dijo H se repetía, pero no terminaba de saber que era lo que H le había dicho. Cuidado cuando vayas por lo oscuro, no, mira que tu sombra te siga, mmm no. Imposible de recordar.

Nunca dormía en el mismo lugar. No es que no le gustasen, es que no era aconsejable dejarse ver a menudo por un lugar, alguien podría pensar que llegado el momento podría encontrarsele allí y Jimena evitaba eso a toda costa. A veces era un portal, otras una esquina de un callejón, otras la cama de algún ligue de fin de semana, pero esto último tenía el inconveniente de que tenía que ser en el fin de semana. Esa noche, después de un par de horas merodeando, un callejón oscuro y sin ninguna otra compañía, no que hablase al menos, le pareció correcto. Se encaminó directa hacia el callejón en cuestión, sin pararse a pensar, sin ninguna luz y si la hubiese habido o se hubiese parado a pensar, quizás habría recordado la advertencia de H Cuando tras tu sombra veas otra sombra más….corre Jimena, corre y no mires atrás”

Las sociedades secretas

17 Ene

No hay sitio para un quinto en un grupo de cuatro y ella lo supo en cuanto se sentó cerca de unos chicos con las que hablaba a veces. En el momento en el que se sentó detrás de ellas, detrás de su perfecto grupo de cuatro mesas puestas unas detrás de otras de dos en dos, vio como se levantaba ante ella una muralla infranqueable de espaldas juntas, y aquella sensación de estar en un grupo, aunque eventualmente, se disolvió. Cuando aquel día, unas horas antes, se había sentado con tres de ellas había pensado que tal vez sería soportable aquel día sin su amiga y habitual compañera de pupitre. Pero ahora se sentía terriblemente fuera de lugar, solo había sido una sustituta de la cuarta chica del grupo, y la clase se presentaba larga y aburrida.

Se sentía enfadada con su amiga enferma, por no pensar en que la iba a dejar sola al decidir quedarse en casa aquella mañana, y estaba enfadada con aquellas chicas por no reconocer sus esfuerzos por integrarse, pero en el fondo sabía que no era culpa de nadie. Simplemente sucedía que no comprendía porqué simplemente por faltar su amiga se sentía tan aislada de todo el mudo, en la misma clase de siempre, pero sin su compañera.

Las veía girarse a hablar entre ellas y no podía evitar admirar aquel extraño mecanismo que las hacía girarse y crear un círculo donde conversaban. Un círculo perfecto, cerrado, un círculo donde ella no estaba.

Aunque al principio habría jurado que la clase no terminaría nunca, al final, terminó y pudo salir al pasillo junto con el resto de sus amigas. Vio entre los hombros de los demás alumnos que salían, al fondo unas probetas. Habrían hecho algún experimento. Mas tarde les preguntaría por él, pero pronto dejaría de escuchar pues no entendería nada. Inexplicablemente la diferencia de conocimientos entre ellas, lejos de acercarlas, las distanciaba y en el futuro se distanciarían más, pero ella no estaba dispuesta a admitirlo.

Aquel día el grupo había menguado,últimamente las cosas estaban cambiando y ella no había podido evitarlo. El grupo se dividía, las más carismáticas habían decidido expulsar sutilmente a otra de ellas la cual ella la consideraba su más mejor amiga, pero esta se había apartado del grupo y por ende también de ella. No entendía aquel distanciamiento, pero de repente una idea le golpeó de lleno: era su más mejor amiga, decía ella, pero ¿qué era aquello que las hacía supuestamente las mejores amigas? No iban a la misma clase, ya no estaba juntas en el recreo y apenas se veían fuera de clase, pero ella seguí diciendo, y sintiendo, que mantenían un vínculo más fuerte que todas las cosas. Pero eso no podía ser, no podía ser que ambas formaran una asociación secreta que las uniera aun sin verse, solo el roce hace el cariño y hacía tiempo que no había ese roce.

Todos estos dilemas le cansaban demasiado y solo deseaba que todas se fueran a sus respectivas casas para poder estar tranquilamente sola, pero ademas porque cada una en su casa con sus cosas, ella no podía sentirse desplazada de nada. Pero se equivocaba pues a media tarde una de sus amigas la llamó dándole una noticia chocante cuanto menos. Corriendo llamo a la afectada y se quedó de piedra cuando su respuesta fue “pero, ¿no lo sabías?” No, ella no lo sabía, no sabía nada. De repente comprendió que había estado completamente equivocada al pensar que no sucedía nada cuando todas estaban en sus casas. Sí sucedían, unas salían con chicos, otras con otras chicas en otros grupos y entre todas se llamaban por teléfono para contarse qué sabía ella qué. Pero ella no salía con chicos, no había sabido mantener dos grupos de amistad porque sus amigas los compaginaban bien porque no había nada entre un grupo y otro, pero en su caso ambos grupos parecían no llevarse bien y se sentía traidora del otro grupo. Aunque nada de ello le importaba al final del día. Solo le importaba en ese momento el vínculo secreto que mantenían sus amigas por teléfono donde ella no estaba.

“Algo me falta, tengo un vacío dentro, un hueco que no se con qué llenar” Y eso era cierto. Pero pasaría casi un año al lado de la pieza que le faltaba antes de ver qué era esa pieza la que encajaba dentro del vacío que sentía. Y por fin lo entendió, podía comprender que sus amigas saliesen con otras personas y con chicos, porque por fin ella también lo hacía. Por fin  podía ver en qué consistían las sociedades secretas; no las ves, a veces entra gente para enseñar algo a los demás y después se marcha, incluso a veces no sabes ni si quiera si perteneces a una o simplemente eres un suplente pero también comprendió que se podía estar en varias sociedades sin traicionar a los demás, porque ella tenía otras asociaciones secretas consigo misma que, al final de todo, resultó ser lo único que importaba.

A %d blogueros les gusta esto: